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San Burlando: el abogado redentor

15/05/2009 | En una entrevista exclusiva con el abogado más mediático de la República Argentina. Fernando Burlando habló de todo, hasta de Cristina Kirchner. Por: Juan José Pfeifauf



Fernando Burlando y Juan José Pfeifauf

PortalBA.- Nació en La Plata y estudió abogacía por descarte. Intervino en casos judiciales tan complejos como polémicos: fue el abogado de Giselle Rímolo, Horacio Conzi, y de los horneros, entre otros, y se jacta de tener como amigos al ex Presidente Menem y a Maradona. Tiene 14 autos de lujo y un zoológico privado en su quinta de Villa Elisa, en las afueras de la Capital bonaerense. Pese a que le ofrecieron varias veces ser intendente nunca aceptó porque no podría vivir austeramente.

Fernando Burlando es una marca registrada. Desde el logo-un círculo con sus iniciales que representa el centro del universo- hasta la decoración de su estudio inteligente en La Plata está pensado para que nada compita con él: “Fernando es la única vedette”, asegura el arquitecto que diseñó el estudio de la calle 8, a unos pocos metros de los tribunales platenses.

Nació hace 42 años en la misma ciudad que sus padres y abuelos. Estudió abogacía luego de que un problema en el ojo izquierdo le impidiera ingresar a la aviación militar, como dos familiares suyos: En su momento fue una elección por descarte, pero no me equivoqué. Hoy no podría hacer otra cosa, aunque el pilotaje me gusta. Burlando hace una pausa, piensa por unos instantes y sin vacilar agrega: A mí me gusta manejar cualquier cosa: desde un vehículo hasta una situación.

La validez de su respuesta está más que comprobada empíricamente. Basta con inquirir los casos judiciales en los que participó el abogado platense para concluir que éste no miente: Yo descoloco. En mis alegatos uso mitos y parábolas de Coelho y de Bucay. A la fiscal del caso Rodrigo no sólo la hice llorar, también la enfermé.

El caso del fotógrafo Cabezas lo catapultó a los primeros planos de los medios, y a partir de allí su rostro no pasó indiferente para ningún argentino. En el juicio defendió los intereses de Los Horneros, los que finalmente fueron condenados como coautores del asesinato del fotógrafo de la revista Noticias. Sin embargo, Burlando lograría años más tarde que ninguno de ellos quedara tras las rejas.

Alfredo Pesquera, acusado de provocar la muerte del cuartetero Rodrigo, en Junio de 2000, no vio la luz al final del túnel hasta que no contó con el asesoramiento del abogado platense, quien rápidamente emprendió una acérrima defensa en los dos ámbitos que más le agradan: los medios y los tribunales. Meses más tarde, el abogado que comenzó defendiendo gitanos como estrategia diferenciadora, se acreditó otro éxito más.

Encomiado por su tecnicismo y sus innovadoras estrategias para revertir procesos judiciales complejos, Burlando se convirtió en el defensor de todos los que estaban en apuros con la justicia: Giselle Rímolo, Horacio Conzi, Diego Maradona, el banquero Francisco Trusso y hasta los gerentes del caso Skanska, a los que les consiguió millonarias sumas en sus indemnizaciones.

¿Cómo se hace para defender a personas que según la sociedad eran indefendibles? Me refiero a Giselle Rímolo, Alfredo Pesquera (Caso Rodrigo), Horacio Conzi, Los Horneros. 

Lo bueno es defender a gente que cree que su problema no va a tener solución. Me motiva defender casos complicados, donde la opinión pública está comprometida. La gente me elige porque ve plasmado objetivos y resultados, y cree que le vamos a resolver el problema en el corto plazo.

¿Nunca te sensibilizaste con algún comentario o gesto de algún familiar de victimas de defendidos tuyos?

Uno siempre se sensibiliza, pero trato de tomar los temas muy profesionalmente. Por ejemplo, tengo un gran respecto por la familia Cabeza. Ellos saben que he tratado de hacer las cosas bien. La madre de Rodrigo, por ejemplo, siempre que está en Buenos Aires me pasa a saludar.

Burlando se muestra obsesionado por todo lo que acontece en su lujoso edificio de tres plantas, de 500 metros cuadrados, ubicado sobre la calle 8. Desde su amplia y luminosa oficina del segundo piso, el abogado que asegura haber sido un estudiante oportunista, controla todas las dependencias a través de un monitor de seguridad con 18 cámaras. Telefónicamente, también inspecciona lo que acontece en su estudio capitalino de Puerto Madero, al que abrió hace unos años por pedidos de clientes famosos que no podían viajar a La Plata para verlo.

Su secretaria privada le comunica que está esperándolo el Tecla Farías, ex jugador de Estudiantes, radicado actualmente en Europa: “Decile que me espere un rato que estoy en una entrevista periodística”, ordena con un tono suave pero imperativo.

-¿Te ofrecieron ser intendente de La Plata?


Sí, varias veces. Boody Allen decía que los políticos eran aquellas personas que tenían la capacidad para transformar las soluciones en problemas. Yo no quiero convertirme en eso. Además, creo que no estoy en condiciones de vivir austeramente, de dejar de disfrutar un auto, una propiedad.

-¿Lo seguís viendo al ex Presidente Menem?

Sí, con él estuve comiendo hace 10 días. Pero también soy amigo de Duhalde.

-¿Te vas a presentar como Presidente de Estudiantes de La Plata?

Por el momento no. Actualmente hay una dirigencia seria y el destino de Estudiantes está bien manejado. Mis intenciones eran en otras épocas cuando el club estaba muy mal.

-¿Cómo ves al gobierno de Cristina Fernández?

Quiero que le vaya bien, pero hay estilos que no se corresponden con la actualidad. Respecto al paro agropecuario, me hubiese gustado que la Presidente bajara con su helicóptero y no a los gritos tratando de imponer, que esté más vinculado con los caprichos. Me da mucha pena la ida del Ministro Lousteau porque era una persona muy capaz.

Son pasadas las once de la noche, y en la recepción hay tantos clientes para ver a Burlando como si recién comenzara a atender. Sus rostros denotan preocupación y apremios, sentimientos que el abogado platense asegura nunca haber sentido. Quizás, tal vez, por eso lo contratan sus clientes: por la seguridad que transmite.

Por: Juan José Pfeifauf


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