Warning: file_get_contents(http://weather.yahooapis.com/forecastrss?p=ARBA0043&u=c) [function.file-get-contents]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.0 401 Unauthorized in /home/do000915/public_html/tiempo.php on line 5
Portal BA - Femicidios, la inquisición posmoderna

Usted esta en Home / Info General /

reducir tamaño de letra aumenar tamaño de letra

Femicidios, la inquisición posmoderna

03/02/2011 |

En Argentina, donde el censo de 2010 reportó 40 millones de habitantes en todo el país, no hay cifras oficiales que muestren la realidad de la violencia contra las mujeres. Por Nancy Azpilcueta-.



Femicidio

   PortalBA-. En Argentina, donde el censo de 2010 reportó 40 millones de habitantes en todo el país, no hay cifras oficiales que muestren la realidad de la violencia contra las mujeres.

“Ella se lo buscó”…

“Fue un crimen pasional”…

“¿Y qué más se podía esperar, si no lo obedecía”…

“Es que creyó que porque trabajaba podía hacer lo que quería”…

Todas estas frases, más bien parecen justificaciones para responsabilizar a las mujeres que mueren diariamente, que son lesionadas y marcadas física y psicológicamente como víctimas de violencia intrafamiliar, por el simple hecho de ser mujeres.

La policía que toma conocimiento de los hechos, los medios de comunicación y las autoridades judiciales se niegan a catalogar este tipo de crímenes contra las mujeres como femicidio, igual que todavía se muestran renuentes a usar el lenguaje con perspectiva de género, o ridiculizan a quienes lo utilizan.

El término femicidio no acaba de encajar en la idiosincrasia latina y patriarcal donde el lenguaje, las leyes y las estructuras sociales siguen siendo preponderantemente machistas o, usando un eufemismo diplomático, preponderando la visión masculina del poder.

No obstante, el término femicidio cada vez se difunde y se utiliza más, lo que muestra de alguna manera se avanza aunque despacio en materia de equidad de género; para las activistas más ortodoxas todavía no existen avances significativos y tienen razón, sin embargo el hecho de que cada vez se hable más abiertamente del tema de la violencia contra la mujer y se analice de forma más seria esta realidad, es en sí mismo un avance, aunque no el necesario. Falta mucho todavía, sobre todo en cuanto a la concientización de las propias mujeres.

La violencia doméstica, el abuso y la violencia en el ámbito laboral, la trata y el tráfico, la discriminación y en general, la estructura patriarcal de los gobiernos –aunque los encabecen mujeres- impiden que cesen las agresiones por el simple hecho de ser mujeres, contra quienes incluso se están generando aberrantes “modas” para agredirlas, ejercer poder contra ellas sometiéndolas a terribles actos de violencia y arrebatarles la vida con tremenda saña.

Mientras en México, y particularmente en Ciudad Juárez, Chihuahua, se les viola y descuartiza, en la Argentina desde hace algún tiempo se les quema vivas, como a las miles de mujeres que murieron en la hoguera de la inquisición medieval.

El hombre es fuego…

Un viejo refrán de las abuelas reza así: “El hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla…”, pero en tiempos de las abuelas este dicho popular giraba en torno a la sexualidad y la moral, no a las mujeres que han perdido la vida a manos de sus parejas sentimentales como en los últimos meses, principalmente en Argentina, el refrán aplicaría para avisar a las mujeres que a los hombres les está dando por quemar vivas a sus parejas con alcohol y fósforos, no con pasión.

El 10 de  febrero de 2010, el músico Eduardo Vázquez, baterista del grupo Callejeros fue investigado y detenido por presuntamente haber quemado a su mujer tras bañarla con alcohol y encenderle fuego. Wanda Taddei, la víctima, murió tras varios días de agonía en un hospital y el músico quedó en libertad por un tiempo hasta que la investigación posterior determinó que debía ir a la cárcel, tal como sucede en este momento, habiéndosele negado la excarcelación, por lo que deberá esperar el juicio oral tras las rejas.

A partir de la muerte de Wanda, los casos de mujeres quemadas se hicieron visibles, aunque de hecho ya existían registros de casos anteriores ocurridos durante 2009.

Así de simple. Durante 2010, de acuerdo con la Organización Civil Casa del Encuentro, durante 2009  se registraron 6 casos de mujeres quemadas, en 2010 alrededor de 11 y, en los días transcurridos de 2011, ya se contabilizan al menos 3 casos, apenas en diez días se conoció que una mujer murió quemada en Parque Patricios, otra murió en Monte Grande y falleció tras permanecer internada varios días en grave estado en Wilde.

Todas las víctimas fueron incineradas prácticamente por sus compañeros sentimentales, tras discusiones conyugales.

Fabiana Tuñez, integrante de la Organización Casa del Encuentro, dijo en entrevista a la Agencia Telam que: "Estamos pidiendo la figura de femicidio como figura penal autónoma, con el antecedente de que ya existe en Guatemala, Costa Rica y recientemente en Chile, y en el trámite parlamentario están comprometido diputadas y diputados de diferente bloques”.

Para Fabiana Tuñez, en los casos de asesinatos de mujeres, principalmente "la Justicia demora la investigación del supuesto agresor esperando que la víctima pueda declarar, entonces, la orden de allanamiento del lugar donde se produce el hecho se demora demasiado tiempo, dándole la posibilidad al agresor de modificar la escena del crimen", como ocurre prácticamente en todo el mundo, pues esta no es una situación privativa de la República Argentina.

Pero la pregunta clave y nada morbosa es ¿por qué el fuego?

En un artículo firmado por Adriana Santagati y publicado en el blog del Centro de Protección Familiar (http://ceprofa.blog.arnet.com.ar) la psicóloga especialista en violencia masculina Diana Vernaz, presidenta de la Asociación Civil de Especialistas en Violencia Familiar explica acerca de este fenómeno donde el fuego es el arma femicida: “El fuego, podría tener otras implicaciones. Suele ocurrir que los agresores que lo utilizan han tenido, en su historia personal, situaciones en las que ya estuvo presente como elemento destructor y saben que brinda probados resultados. La conducta de quemar a la víctima implica arrasar con ella, con su cuerpo y con su identidad toda; si sobrevive, quedará desfigurada”,

Y es que siempre será difícil determinar quién y cómo se encendió el fuego, lo que permite al agresor salir en libertad casi sin mayores problemas y bajo el frecuente argumento de que “fue un fatal accidente”.

El Código Penal de la República Argentina en su capítulo I, correspondiente a los delitos contra la vida, indica:

ARTICULO 80. - Se impondrá reclusión perpetua o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo dispuesto en el artículo 52, al que matare:

1º A su ascendiente, descendiente o cónyuge, sabiendo que lo son.

2º Con ensañamiento, alevosía, veneno u otro procedimiento insidioso. (…)

Pero, a diferencia de los códigos penales de otros países latinoamericanos, el de Argentina no tiene definido específicamente ningún capítulo que prevea como delito la violencia doméstica, intrafamiliar o de género. Por eso sin duda la propuesta de ONG’s como Casa del Encuentro para incluir la figura del femicidio, es de suma importancia para avanzar en materia de políticas de género, respeto a los derechos de las mujeres y sobre todo, porque como lo explica Fabiana Tuñez: “La intención de darle figura autónoma al femicidio no es porque creamos que es la única forma para combatir a la violencia, sino que decimos que la Justicia tiene que mostrar claramente que este tipo de violencias no son aceptadas”.

Si uno cuestiona a una muestra mínima de la población masculina ¿a qué cree que se debe esta “moda” de algunos varones de prenderle fuego a sus parejas? En un 80% contestarán que “Seguramente le fue infiel”, “Lo hizo enojar porque no lo obedeció” o simplemente “Ella se lo buscó”, frases que dan por sentada como cierta la hipótesis de la psicóloga Diana Vernaz en cuanto a que el hombre ejerce el poder al considerar que la mujer es de su propiedad y que, “si no eres mía, no serás de nadie”.

Si bien en la Europa de la edad media, en la Inglaterra  anglicana, se quemó a por lo menos 50 mil personas, la mayoría mujeres acusadas de brujería, mientras que Alemania incineró a unas 100 mil personas, también en su gran mayoría mujeres, justo es decir que ni siquiera el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue tan drástico con las mujeres a las que juzgaron por el delito de “brujería”, adulterio o bigamia, los que ameritaban esta pena máxima, y es justo por eso que en pleno siglo XXI es inexplicable la tendencia de algunos hombres a quemar vivas a sus parejas sentimentales reduciéndolas a la categoría de brujas y erigiéndose ellos mismos en inquisidores, mientras que los aparatos de justicia se escudan en la falta de pruebas para cerrar las respectivas investigaciones y dejar en libertad a quienes son señalados como presuntos responsables.

El sentimiento de propiedad y los celos

Ante el incremento de mujeres incendiadas por sus parejas durante el mes de enero en Argentina, Eva Rearte, Psicóloga y Coordinadora del Taller de Violencia Familiar del Hospital Penna y comprometida con cuestiones de género, accedió a una entrevista en Sin Límites, el programa que se transmite por Radio Argentina y que conduce la colega y amiga periodista Romina Minotti para ayudar a entender este fenómeno que preocupa seriamente a la sociedad argentina.

¿Por qué se dan este tipo de situaciones?

En general hay una historia en estas relaciones que son relaciones muy fuertes en términos de codependencia, son situaciones que se remontan probablemente a los noviazgos y que en general se observa como uno de los factores de riesgo, un solar de Fátima creo, que las muchachitas que, en Lomas de Zamora murió quemada con el 85 por ciento del cuerpo quemado y además estaba embarazada, bueno, uno de los factores de riesgo de violencia es la situación de embarazo, donde el perfil es que hay un tercero que los puede separar y bueno, comienzan los hostigamientos.

Ahora, ¿dónde uno puede poner el punto de equilibrio y decir esto es normal y esto es patológico? Digo porque los celos son algo muy normal entre parejas que existan…

Mira, los celos puede ser que existan, el tema es que los celos junto a otros indicadores son signos de que, digamos, el hombre toma a su mujer como una cosa de dominio, una propiedad, se juega muchísimo el sentimiento de propiedad, una cosa que le pertenece y que debe hacer en relación a lo que él cree y si esta mujer se ajusta a lo que él piensa que debe hacer su mujer, comienzan los celos pero bueno, los celos que se miden en celotipias también, no es el único indicador el tema de los celos. Al principio también se puede confundir con una cuestión amorosa de cuidado, de amor, lo que pasa es que detrás de los celos  para preservar ese objeto, comienzan las situaciones de aislamiento, comienzan las situaciones de la descalificación, cosificarla y quitarle voluntad, hacer que esa mujercita no reconozca sus propios deseos o voluntades, o sea, los celos serían como la parte de brillo donde se lee “me quiere”, pero en realidad ¿me quiere como qué?, ¿me quiere para qué?...

¿Qué pasa con esas mujeres que, a pesar del aislamiento, de esa pérdida de libertad o que se ponen violentos frente a cualquier situación mínima, se quedan? Porque entonces también está la patología por parte de la mujer…

Mira, en realidad podemos hablar de mujeres con situación de vulnerabilidad, vivimos en un sistema patriarcal donde todavía pesan muy fuerte en cierta población de mujeres la creencia de que su varón es quien marca las pautas culturales y de convivencia en su casa, o en su vida, esas mujeres creen además que es así, que debe ser así, de hecho vos en una clínica trabajás con mujeres y la violación marital muchas veces no es registrada como violación, sino como lo que hay que hacer. No es que las mujeres se queden porque sí, se quedan asimiladas a ese mismo discurso que atraviesa a los varones y que nos atraviesa a todos digamos, los que podemos cuestionar estas situaciones somos los no asimilados y es muy probable que no nos pase y que, si nos pasa una vez nos corremos.

Los casos de estos últimos días que han sido quemadas son de chicas muy jovencitas

No es una cuestión de edad ni de sector social, es un modo de reproducción de las relaciones amorosas o que parecen como amorosas, porque no tienen que ver con el amor, tienen que ver con el odio, con la hostilidad. Quemar a una mujer es una reacción absolutamente hostil donde lo que se intenta es destruirla, desfigurarla, si piensa distinto a él.

Las muertas de Juárez, y las de todo México…

Los medios informativos, la difusión y activismo de Organismos no Gubernamentales de todo el mundo, los movimientos feministas y de lucha por la equidad de género, la literatura, el cine y hasta la música siguen ayudando a difundir el fenómeno de los ya más de mil casos de mujeres muertas en la fatídica, violenta y fronteriza Ciudad Juárez, Chihuahua, donde a la fecha las cifras no oficiales reportan alrededor de mil 60 mujeres asesinadas desde 1993 hasta la fecha, a las que lamentablemente de forma reciente se suman dos más de figuras conocidas por su lucha contra la impunidad del gobierno del estado de Chihuahua y la indiferencia del gobierno federal, Marisela Escobedo y la poeta Susana Chávez, ambas activistas y defensoras de los derechos humanos en México.

Lo más lamentable es que, en ambos casos, las autoridades policiales de estructura patriarcal, obvio, sin ningún respeto y sin interés alguno por profundizar en la investigación de cada uno de los asesinatos de Susana y Marisela, esgrimieron de manera oficial argumentos que no sólo muestran su indolencia e impunidad, sino la peor de las estupideces, al pretender denostar la conducta social y sexual de ambas activistas, demostrando con su pequeñez intelectual y profesional que en México, en Ciudad Juárez, Chihuahua como en otras ciudades del territorio azteca, ser mujer y ejercer los derechos como tal, significa que, exactamente igual que en cualquier otro país de América Latina, la vida de las mujeres que se rebelan a las tradiciones patriarcales y que ejercen plenamente su libertad, no vale ni siquiera una investigación respetuosa.

En México, donde desde hace cuatro años ya existe legislación en la materia, principalmente con la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que entró en vigencia a partir de febrero de 2007 pero que en los hechos prácticamente es inexistente y considerada como inoperante por organismos civiles en materia de derechos humanos de los estados de Chihuahua y Baja California, ambos ubicados geográficamente en el norte mexicano.

Esta normatividad fue promovida por el gobierno federal y aprobada por la Cámara de Diputados con el propósito de prevenir, atender, sancionar y erradicar todos los tipos de violencia contra la mujer, pero es, adicionalmente, el gobierno federal el que ha violado algunas disposiciones de dicha ley al publicar con nueve meses de retraso el reglamento respectivo, y al no haber elaborado hasta ahora el Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres, instrumento a partir del cual debían elaborarse una serie de políticas públicas en la materia.

Esta Ley prevé que al presentarse incremento en los índices de violencia contra las mujeres se active una alerta de género que las autoridades deberán atender, sin embargo hasta el momento en los estados de México, Oaxaca y Guanajuato, la propia Secretaría de Gobernación (responsable de la política interna) rechazó las peticiones de las ONG’s..

De acuerdo con una nota publicada en el diario El Universal, de la Ciudad de México, María de la Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, considera acerca de este tema que: “Toda esta inacción va en demérito de la vida de las mujeres, que en México no cuentan con mecanismos reales de prevención, atención y sanción de la violencia. Aún hay autoridades que reducen los femicidios a una problemática de violencia doméstica, que piden a las mujeres que sean ellas mismas las que notifiquen a la pareja maltratadora de la denuncia que han presentado en su contra y que politizan el asunto al negarse a declarar las alertas de género, dejando desprotegidas a las mujeres”.

Ojalá que la propuesta que realizan en Argentina las ONG’s de género no corra la misma suerte que esta Ley mexicana que, de aplicarse cabalmente, podría salvar la vida de muchas mujeres pues, en territorio azteca de acuerdo con datos ventilados por la polémica Wikileaks en el informe 10MEXICO640, cada seis horas muere una mujer víctima de violencia de género y precisa que son13 los estados donde se han registrado altos índices de femicidios: Estado de México, Distrito Federal, Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tlaxcala, Tabasco y Yucatán.

El informe también detalla que en 2010 la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a México por no haber investigado a fondo el asesinato de tres jóvenes en Ciudad Juárez y haber fabricado pruebas contra dos hombres. De esta condena México no dio cuenta.

Maltrato y muerte, en el Tango y el corrido

…La quise como nadie tal vez haya querido

y la adoraba tanto que hasta celos sentí.

Por ella me hice bueno, honrado y buen marido

y en hombre de trabajo, mi vida convertí.

Al cabo de algún tiempo de unir nuestro destino

nacía un varoncito, orgullo de mi hogar;

y era mi dicha tanta al ver claro mi camino,

ser padre de familia, honrado y trabajar.

Pero una noche de Reyes,

cuando a mi hogar regresaba,

comprobé que me engañaba

con el amigo más fiel.

Y ofendido en mi amor propio

quise vengar el ultraje,

lleno de ira y coraje

¡sin compasión los maté!

Tango “Noche de Reyes”

Dos años han pasado desde el día

en que llorando llegó hasta mí;

dos años que luché para salvarla,

para vestirla y pa’hacerla feliz.

Y todo para qué, si es pa’matarla

para burlarse de mi pasión.

Portero suba y dígale a esa ingrata

que yo he venido a cobrarle su traición.

Tango “Portero, suba y diga”

La Argentina decimonónica se conmocionó el 30 de enero de1872, cuando la joven y rica viuda Felicitas Guerrero de Álzaga, considerada como la mujer más hermosa de Argentina en ese momento, fue asesinada por un pretendiente ofendido, por no ser merecedor del corazón de la dama.

Enrique Ocampo, por celos y despecho, asesinó por la espalda a Felicitas para después pegarse un tiro que terminó con su vida. Para los diarios de aquella época este fue, sin duda un “crimen pasional” que trascendió primero, por la notoriedad de los protagonistas, integrantes de familias de la más alta sociedad porteña de entonces y segundo, porque en torno a la muerte de Felicitas y el homenaje de sus padres con la construcción de una bella capilla en su honor, justo en el lugar donde estuvo su Casa-Quinta y donde ella cayó herida, en el barrio de Barracas donde la leyenda indica que pasea el fantasma de Felicitas. En realidad este fue uno de los primeros femicidios conocidos de la ciudad.

La leyenda trasciende, porque el fantasma de Felicitas y de muchas otras víctimas de sus novios y parejas siguen deambulando por todo el territorio argentino, donde los responsables de dar muerte a cientos de mujeres por celos, por odio, por “desobedecer”, por levantar la voz, por romper la relación o elegir empezar una nueva, y simplemente, por ser mujeres, salen impunemente en libertad por falta de pruebas o evidencia, o por deficiencias en los procesos de investigación.

Pero en México no se cantan mal las historias de mujeres que se rebelaron a la cosificación a que las reducía el estereotipo machista, y que pagaron con sus vidas, por ejemplo:

La Martina 

Quince años tenía Martina cuando su amor me entregó,

a los dieciséis cumplidos una traición me jugó.

Y estaban en la conquista cuando el marido llegó:

-¿qué estás haciendo Martina, que no estás en tu color! -

-Aquí me he estado sentada, no me he podido dormir,

si me tienes desconfianza no te separes de mí.-

-¿De quién es esa pistola?, ¿De quién es ese reloj?,

¿De quién es ese caballo que en el corral relinchó?-

-Ese caballo es muy tuyo, tu papá te lo mandó,

pa' que fueras a la boda de tu hermana la menor.-

-Yo pa' que quero caballo si caballos tengo yo,

lo que quero es que me digas quién en mi cama durmió.-

-En tu cama naiden duerme cuando tú no estás aquí,

si me tienes desconfianza no te separes de mí.-

Y la tomó de la mano y a sus papás la llevó:

-Suegros aquí está Martina que una traición me jugó.-

-Llévatela tú mi yerno, la Iglesia te la entregó,

y si ella te ha traicionado, la culpa no tengo yo.-

Hincadita de rodillas nomás seis tiros le dio,

y el amigo del caballo ni por la silla volvió,

El corrido de la Martina muestra perfectamente la justificación del femicidio histórico justificado por el padre mismo de la víctima, pero en la historia de Rosita Alvirez se muestra una realidad quizá más cercana en el tiempo a la agresión que viven hoy miles de mujeres no sólo en México:

Corrido de Rosita Alvirez

Año de mil novecientos,

presente lo tengo yo,

en un barrio de Saltillo,

Rosita Alvírez murió.

Su mamá se lo decía:

–Rosa, esta noche no sales.

–Mamá no tengo la culpa

que a mí me gusten los bailes.

Hipólito fue a la fiesta

y a Rosa se dirigió,

como era la más bonita,

Rosita lo desairó.

–Rosita no me desaires,

la gente lo va a notar.

–Pues que digan lo que quieran,

contigo no he de bailar.

Echo mano a la cintura

y una pistola sacó

y a la pobre de Rosita

nomás tres tiros le dió.

La noche que la mataron,

Rosita estaba de suerte:

de tres tiros que le dieron,

nomás uno era de muerte.

Rosita ya está en el cielo,

dándole cuenta al Creador,

Hipólito en el juzgado,

dando su declaración.

Y estos dos ejemplos de historias que el dominio popular indica que fueron casos reales ocurridos el primero al fines del siglo XIX  en el México rural, y el segundo al principios del ya lejano siglo XX en la capital del estado norteño de Coahuila, pueden sostenerse sobre la base jurídica de los viejos códigos penales de los estados que conforman la República Mexicana, en los que por ejemplo,  el homicidio quedó estipulado dentro de los delitos contra las personas, y en términos generales se reconocieron y penalizaron varios tipos de homicidio: necesario, voluntario, o involuntario, considerándose sanciones que iban desde la exoneración hasta la pena de muerte, de acuerdo a los atenuantes o agravantes presentes en cada caso, pero, en la práctica judicial eran comunes  las percepciones morales y sociales de las autoridades involucradas como criterios para establecer las penas, de tal forma que, por ejemplo:.

“No era dueño de sus actos. Los matadores de mujeres"

Es así por ejemplo que jueces y abogados solían justificar el uso de la violencia ejercida por el hombre hacia la mujer en el seno familiar, sobre todo si se argumentaba el haber apelado a su derecho de corrección para reprender alguna conducta desafiante o equívoca de la cónyuge o amasia. El maltrato físico fue un hecho común en la vida cotidiana de muchas parejas y era tácitamente aceptado por la sociedad decimonónica,  ya que se consideró que formaba parte implícita de la autoridad masculina y la sumisión femenina, ambos atributos propios de cada género. ‘En general, podemos decir que a lo largo de la centuria hubo mucha complacencia oficial con respecto a la violencia conyugal, pues pervivió la idea de que formaba parte de la autoridad y las prerrogativas masculinas’”.

http://nuevomundo.revues.org/2835#tocto1n1

Las conclusiones

¿Propuestas?... Es lo que más sobra. ONG’s de toda América Latina y de algunos países del llamado primer mundo tienen décadas levantando la voz para que las estructuras patriarcales las escuchen, pero lamentablemente el capitalismo feroz que mantiene vigente la imagen de la mujer como objeto y sujeto de consumo, como una simple mercancía, contribuyen a que la violencia de género no sólo siga existiendo, sino que se incremente; la cultura, la idiosincrasia de cada país y  por otra parte el papel “moral” de las religiones juegan también su parte, y todo contribuye al estancamiento de los proyectos de políticas públicas de género que se apliquen, de esquemas de justicia para las mujeres que funcionen y se apliquen, pero hasta ahora, todo queda en la lucha de unas cuantas que, encima, socialmente cargan estigmas en contra de sus  personas y del propio movimiento que enarbolan. El único camino parecería ser el del activismo constante y la difusión de los derechos que, a estas alturas del siglo XXI, millones de mujeres aún desconocen que poseen y deben hacer valer.

En Argentina, donde el censo de 2010 reportó 40 millones de habitantes en todo el país, no hay cifras oficiales que muestren la realidad de la violencia contra las mujeres.

Para suplir la carencia, las ONG’s realizan un arduo trabajo relevando datos de los medios informativos para continuar sus labores. Por eso, el  Observatorio de Femicidios en Argentina de la Sociedad Civil Adriana Marisel Zambrano, presentó su informe final de 2010 que revela 260 mujeres asesinadas por sus esposos, novios o ex parejas.

Doscientas sesenta mujeres fueron asesinadas el año pasado, una cifra 12,5 por ciento mayor en comparación con la registrada en 2009, difundió el Observatorio de Femicidios en Argentina de la Sociedad Civil Adriana Marisel Zambrano.

El caso de México, con 112 millones de habitantes, la situación es escalofriante:

La organización Equidad de Género, Ciudadanía, Trabajo y Familia asegura que en los últimos 18 años, 7 mil 765 mujeres han sido asesinadas.

El Observatorio Ciudadano Nacional del Femicidio, documentó de enero del 2009 a junio de 2010, mil 728 femicidios en 18 estados.

Y el Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informática (INEGI), en sus estadísticas sobre mortalidad 2005-2009, reportó un incremento en la incidencia de homicidios de mujeres de 2.45 a 3.52.

María de la Luz Estrada, del Observatorio Nacional, asegura que las cifras que dan cuenta de la violencia que viven las mujeres en México, mostraron tiempo atrás que ya era indispensable la promulgación de una ley que estableciera una serie de parámetros y políticas públicas encaminadas a solucionar este fenómeno cultural que es considerado por el gobierno mexicano como un asunto de salud pública.

“Esta ley es una de las más importantes en la región latinoamericana, es un referente en la lucha de las mujeres contra la violencia de género porque abarca todos los tipos de violencia, no sólo la doméstica. Ahora, lo que se necesita es que opere”, explicó María de la Luz Estrada.


reducir tamaño de letra aumentar tamaño de letra Tamaño de letra  Imprimir Enviar noticia